Que vuelvan las palabras y los recuerdos que se había enterrado en lo profundo de mis venas.
Que seas tú y no yo, el culpable de las lagrimas que sin fundamento bajaron por tus mejillas y las mías. Hoy no justificaré tus engaños.
Que seas tú la que descubre convenientemente las palabras de cariño para que caiga a tu lado me hace el perfecto masoquista.
Y ahora me queda atenerme al olvido del que ya me acostumbré a vivir.
Lápiz Demente: De lo anterior quedan solo dichos y hechos que palabrean y redundan mi existir.