jueves, 26 de marzo de 2009

Lector

Y ahí sigue esa hoja cuadrada, llena letras que habitan los tiempos los minutos y los recuerdos, que anhelan pasar de capitulo, de párrafo y de verso con historias contadas y por terminar, aunque son relatos pasados no abandonan el cuento, no parecen importantes hasta que revelan sus secretos y es cuando entendemos que las palabras pasan porque deben pasar y en historias que ya fueron escritas no hay nada más por hacer. Sólo puedo dejar que la ficción continúe con sus tramas personajes y fantasías leyendo el único papel que puedo ver pero no entender.

domingo, 15 de marzo de 2009

Indicaciones

Latitud noroccidental entre recuerdos y tristezas, arriba del comienzo debajo del final; a 27 pasos de la realidad y 45 de la imaginación. Ubicado por muchos, descubierto por pocos. Un mapa sin indicaciones, encierra una llegada casual marcada con la huella de la eternidad.

Ropa vieja a digerir

Matías era un viejo ahogado en dolor, la vida lo había maltratado como a ningún otro. Un habitante del oscuro callejón detrás de la nueva estación de tren; un lugar pomposo para un melancólico turista de la vida, un sitio en el que los tiquetes y los dedos llenos de expectativa nunca estaban satisfechos.

La vida entre ropas viejas y cajas de cartón no es muy amena, las personas a esa edad se consideran poco preparadas para pensar en realidad que les sucede, por eso se dedican a pasear o jugar damas chinas, claro, si se tiene con que conseguir a las damas asiáticas que por cierto son más pequeñas de lo que parecen y no todas saben karate.
Yo diría que Matías es un extraterrestre no porque venga de Venus o de Marte, no es blanco con ojos grandes y sin nariz, es alguien común, sólo que con pelo blanco en su nariz y orejas. Si es un extraterrestre, él se la pasa más en otro mundo que en el terrestre, nunca lo veo hacer algo diferente, su rutina parece siempre la misma.
Parece que está cansado y se la pasa horas sentado en la sombra, al lado del teléfono rojo, al parecer no se conoce bien, pues se pasa horas frente a la luna mirándome fijamente.

Sinsensato

Deambulo en los sinsentidos del tacto. Saboreo el aire de recuerdos fundidos en indiferencia. Recorro las llanuras de la angustia, aúllo por los cariños de la misma. Escucho al tiempo reponerse en historia. Todavía espero latir.
- Aquellos ojos dejaron de ver el recuerdo que nunca fue y la pared ocultó sus sentidos, nunca más quiso sentir -

viernes, 13 de marzo de 2009

Punto Final

Quiero ver el final de los tiempos cuando pueda dormir y levantarme sin tener que mirar el reloj.