Contaminar la conciencia, dejar a un lado la niñez, la madurez y la vejes, así comenzar a perder la humanidad que todos desean mantener viva por miedo a uno mismo.
Abandonar la tan enviciada humanidad es posible al silenciar lo que vemos para pensar en lo que no; en los sonidos del los colores, en la textura de lo que olemos, en la brisa que abrazamos, en el perro que no vemos pero ladra con sus rayas hacia nosotros, rayas que envuelven nuestra cara y no empujan hacia el risco, profundo y disconforme, en el que no se cae ni se respira pero se vive.
Vivir la vida no es caminar y gritar, es cerrar los ojos y abrir otra posibilidad, una posibilidad de locura incontenible, de un sueño lúcido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario