La que inspira, corroe y alienta. La que surge de las entrañas para visitar tu aroma.
Espontánea, inmadura pero verdadera; la infunde tu silencio y la motiva tu aliento.
Aunque no lo creas a mis palabras las recorren tus ojos, te envician te seducen y te hacen vulnerable. Adictivas para tu tacto. Incitan tus mejillas y hacen de tu mesura pura lujuria.
Tímidas, juveniles, claras como mis planes. Las dobles intenciones no las ensucian. Desvaloradas, de fantasía y nada reconocidas.
Las palabras que se sobrepiensan, se malentienden, se rechazan y se frustran. Son las buenas bases para un amor que perdura en lo platónico.
Las verdaderas se desgastan y se vuelve repetitivas, las mentirosas se engendran en el desvelo de la certeza y fluyen entre lo monótono de tus pesares y los míos.
Viven algunas en el inmenso cólera del llanto de las emociones, son lascivas porque se joden en lo profundo de las pasiones. Son las piedras del espíritu formadas con la tela de los fracasos.
Las palabras también logran el silencio, la soledad y la locura.
Lápiz Demente: Palabras que ahora justifican mi silencio y hacen de un hombre un simple remedo ficticio de otra realidad.
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