Cada noche sus palabras me hacían vivir un trance inducido
El juego de sus versos entraba y salía por mi raciocinio
Ella solo juega, se divierte y es lo acostumbrado en cada noche
El mío también es un juego, convencido por lo que creo, sí, estoy jugando
Ella es como cualquier fémina que danza por los pasillos y sabes que no dejas de mirarla.
Y tú no puedes dejar de recorrerla en cada uno de sus pasos
Bueno, en realidad tú no puedes porque soy yo el que no puede.
Falto de pretensiones eso es lo que pasa, así nada más, y dejará de suceder una vez tomemos la iniciativa y abandonemos este juego verbal.
Lápiz Demente: Si aprendiera de lo que hablo dejaría de escribir.
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