miércoles, 18 de noviembre de 2009

Algunas mañanas

Porque te hablo, si prefiero que no me respondas.
Porque te miro, si preferiría que no existieras.
Porque eres lo que eres, cuando ya no quiero que lo seas.

Cada madrugar de los días en los que el sol se levanta enfermo, asoma a mi ventana y me mira. De ojos oscuros, cejas entrelazadas, y un aliento para dejar de respirar.
Es así el panorama cuando cada mañana me levanto pensando en tu aroma, respirando de tu aliento, y saboreando algo de tu vida. Las aves no cantan dulces sinfonías ni rimas de alegría, parecen estruendos de pesadillas hechas melodías.

Y ni hablar de las noches en las que la luna amante de los hombres, trata de mirarme, ni la almohada puede esconderme ante sus delicados ojos. Me hace pensar por un momento en lo divino, lo delicado, en todo eso que leo en tus ojos.
Aunque agradezco al sueño que me aparta de ella en algunas ocasiones.

Mis ojos tratan de ver hacia adentro para no tener que cruzarnos en la vida; más que la desdicha.
No me hacen falta fotos para ver tu recuerdo que parece vivo en mi cabeza, porque hace estragos en cada rincón que recorre.

No hay lugar para sentirme tranquilo, tu sonrisa se las ingenia para pedirme un tiempo y besarme en el sentir; de los días, las mañanas y del hoy.

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