El caminaba llevando en sus manos aquella bici verde que un día gris llego a sus manos, dándole color y luz verde a su vida, aunque el camino no fue fácil, aprendió a camuflarse entre la multitud, a comer como todos, caminar como todos y vivir como todos.
No era fácil en una gran ciudad como aquella donde las paredes el bullicio y las personas seguían el ritmo tosco y continuo de los semáforos.
Aquel hombre del que no debo nombrar, quien tocó las nubes para darse cuenta que el volar no era para los hombres, había dedicado 10 años de su vida buscando el recuerdo perdido de aquella noche sublime, una noche que no debía ser olvidada, el era una simple persona que había tenido que sacrificar aquel recuerdo por ser un esclavo más de las circunstancias y como única alternativa para poder verla algún día, era borrar de su mente aquel delicado rostro.
Ya había pasado un largo tiempo luego de vivir por primera vez en esa cabaña de madera, su tiempo lo dedicaba a trabajar haciendo mandados en su bici, ver entregar y mirar caras largas, felices y extrañas.
Su único pasatiempo era dibujar rostros de aquellas personas a las que complacía con favores en una pared de su oscura pieza, una particular forma de no sentirse tan solo en una habitación de lúgubres aromas; una cama de madera que rechinaba con el más mínimo movimiento y un libro amarillo lleno de telarañas, tirado en una esquina en el piso, con una frase subrayada que el polvo no dejaba leer con claridad.
Tal vez aquellos rostro eran el grito de un corazón, que quería recordar la existencia de alguien que había conocido y marcado la esencia de su vida, aunque las sombras no lo dejaban recordar, para él, el olvido había sido su única salida, claro no escogida pero si recibida, la respuesta a la pregunta nunca jamás hecha.
El amigo que siempre lo acompañaba en las noches, era un cuervo, que se posaba en la ventana de su habitación y justo arriba de ésta, el viejo cuervo escondía toda clase de objetos que robaba a transeúntes, los escondía como piratas. Posesiones de otros, objetos sin vida, recuerdos y momentos llevados a lo material, escondidos por un cuervo, vigilante y acompañante de muchos de sus sueños.
"Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
ResponderEliminarAún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!"
la última estrofa del Cuervo de Poe.
¡Never More!